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sábado, 30 de mayo de 2020

Miedo natural

En los casi dos años que llevo en el nuevo palomar he tenido la suerte de no tener problemas con las rapaces. A diferencia de mi anterior palomar, que estaba situado a unos 500 metros de un río y en medio de un pinar, el de ahora está rodeado de trigales por todos lados y eso parece que no gusta tanto a las rapaces, especialmente al azor, que era el que más guerra me daba en mi anterior ubicación. Dicho lo anterior, está claro que mis palomas, casi todas nacidas en el nuevo palomar, no están para nada familiarizadas con la lucha diaria contra este tipo de enemigos. A lo sumo a veces se las ven con algún milano ingenuo y hambriento, que piensa que algún día podrá pillar alguna, o con algún cérnicalo ruidoso y territorial, que las molesta un rato y luego busca otras batallas. Hasta ayer que tuvieron su primer contacto con un enemigo de verdad. Durante unos segundo sobrevoló el palomar un azor. Aún es un poco pronto para ver azores en Madrid, normalmente llegan en agosto y se van en enero, por lo que este debía ser algún animal "perdido", el cual, la verdad, es que no puso mayor asunto a mis palomas. Planeó por encima del palomar de este a oeste y siguió de largo, pero bastó ese mínimo gesto de torcer la cabeza para mirar a mis palomas, que acabadas de volar estaban posadas sobre el palomar, para que todo el bando se lanzara en estampida y saliera volando como una flecha en dirección contraria hacia donde volaba el azor. Sin dar ni una vuelta se perdieron de vista durante diez o quince minutos. Es asombroso como cada día el bando se cruza con decenas de aves de todo tipo (patos, garzas, tórtolas, gansos, etc.) y jamás había reaccionado así... y más aún sin mediar ningún tipo de ataque. Está claro que llevan el aviso de PELIGRO marcado a fuego en los genes cuando se les cruza con un bicho de este tipo.... y mejor que sea así, porque con el pelegrino puedes convivir, pero con el azor sólo queda rezar para que decida buscarse otro territorio de caza.

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