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jueves, 8 de junio de 2017

Una historia con final feliz

Como normalmente sólo contamos aquellas historias que no acaban bien... las de tipos que se quedan con palomas que no son suyas, las de dueños que pasan de sus palomas cuando los avisan de que han sido cogidas en otros palomares, etc... creo que también conviene contar alguna que tenga un final feliz. En este caso la historia empieza con un cristiano, no colombófilo, que encuentra una paloma en un aparcamiento. Como en Canarias tenemos la ventaja de que casi todo el mundo sabe qué es la colombofilia, este señor ya sabía que lo que tenía que hacer con "una paloma anillada" es llevarla al club colombófilo de su barrio y así lo hizo. Una vez allí miraron la anilla de la paloma y vieron que era de Madrid. Al ver esta anilla tan poco habitual por las Islas alguien pensó que el nexo "Canarias-Madrid" podría ser yo, pero como no me conocía de nada lo que hizo fue llamar a un buen amigo mío y darle el número de anilla de la paloma, para que me avisara. Este amigo a continuación me llamó para comentarme la situación. El número de anilla no era mío pero era tremendamente cercano por lo que la paloma tenía que ser de mi club. Tras buscar un poco localicé al dueño de la paloma. Efectivamente, la paloma era de un socio de mi club y lo más increíble del tema es que esa paloma, que la habían cogido un martes en Tenerife, había sido soltada el domingo anterior desde Cabo San Vicente, en Portugal, es decir, a 1.182 Kms de donde estaba ahora la paloma. Ya sea volando o en barco ese recorrido en tan poco tiempo es una auténtica pasada para una paloma perdida, es decir, que no vuela con una dirección prefijada. En este caso el dueño no dudó ni un minuto en querer recuperar su paloma y como yo tenía que volar al poco tiempo a Gran Canaria pusimos en marcha la logística para mover la paloma desde Tenerife a Gran Canaria. En el club se la dieron a su soltador y cuando este vino a soltar en Gran Canaria un amigo la recogió allí y la guardó en su casa hasta ayer que yo llegué a la Isla. Anoche recogí la paloma y hoy mismo me la traje conmigo del vuelta a Madrid. Ahora un par de días en mi palomar y el sábado ya estará de vuelta en su casa. No me dirán que este no ha sido un trabajo en equipo de primer nivel y todo ello gracias a lo que nos une, por encima de la ideología que pueda tener cada cual,... la colombofilia.

Aprovecho este escrito para darle las gracias al cristiano que cogió la paloma y la llevó al club, a Manolo (el colombófilo tinerfeño que pensó en mí como "contacto madrileño"), al soltador del club de Tenerife que la trajo para Gran Canaria y a Juan Reyes (el que le dio pensión y fonda hasta mi llegada a las Islas)... y la enhorabuena a su dueño (Mihail Burlacu) por el interés en recuperar a su palomita.

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