sábado, 14 de junio de 2014

Sentado... a la sombra

Por fin, una vez acabada, al menos en su mayor parte, la construcción del nuevo palomar vuelvo a tener tiempo para retomar esas cosas rutinarias que ya saben que tanto me gustan dentro de nuestra afición... como es, por ejemplo, el poder echar un ratito sentando frente al palomar, dedicándome simplemente a ver cómo se desenvuelven mis palomitas. Ya hay cerca de veinte pichones volando. No está mal, pero creo que no llegaré a tiempo de tener un equipo suficiente para poder competir este otoño, como era mi idea inicial. No pasa nada... el 2015 está a la vuelta de la gente. A vueltas de esto mismo que les comento, sobre sentarse "sólo" a ver palomas, me comentaba una anécdota hace unos días el guardia de la finca donde tengo ahora el palomar. Me hablaba de un amigo suyo, que también es colombófilo, y de como se levantaba cada día a las cinco de la mañana para atender las palomas, pues por el curro no podía hacerlo a otra hora... pero lo mejor de todo viene cuando este hombre me comenta que, realmente, por su hora de entrar a trabajar, no necesitaría levantarse tan temprano... pero lo hacía así porque lo que sí "necesitaba" era poder dedicar una media horita diaria a mirar a sus palomas... je,je,je,je,je... evidentemente, el que me lo contaba no lo podía entender y pensaba que su amigo está loco... o es medio tonto... En cambio, a mí la historia me sonó muy familiar y, que quieren que les diga, de lo más normal... o no?... seguro que ustedes piensan lo mismo que yo. Al que no lleva este gusanillo dentro da igual que se lo cuentes mil veces o que le pintes la moto del mil colores... que no habrá forma de vendérsela... je,je,je,je,je.

Vistas desde mi "asiento a la sombra"