martes, 8 de octubre de 2013

De vuelta en casa...

Este fin de semana tuve prueba de gran fondo... y de las duras... con niebla y lluvia durante gran parte de la ruta. Como ya les comentaba por ahí abajo, decidimos "acercarnos" a Bélgica para recoger un grupo de pichones que, a modo de refuerzo para mi nuevo palomar, me había criado el amigo Thierry Sibille y dado que las palomas y las aviones no se terminan de llevar bien, nos lanzamos a la aventura de hacer los cerca de 3.200 Kms. (ida y vuelta) que separan Alcalá de Henares de Courcelles (Bélgica) en coche. Bueno, que quieren que les diga, como experiencia estuvo curiosa. Es algo bonito para contarle a los nietos... pero con una vez en la vida creo que tengo suficiente... je,je,je,je. Demasiados kilómetros para mi pobre cuerpo, además de que los actuales precios de los vuelos entre España y Bélgica hacen que este tipo de excursiones en coche sean bastante ruinosas... entre gasoil y peajes (toda Francia es un "gran peaje") nos dejamos una fortuna que aun no me he atrevido a calcular con detalle.... y para sólo estar allí un par de días... menudo vicio tenemos... je,je,je,je.

A pesar de todo lo dicho anteriormente con respecto al trayecto de ida y vuelta, el resto de la operación fue perfecta. La estancia en Bélgica un "gustazo colombófilo". La familia Sibille, como siempre, unos anfitriones de primera... y de las palomas que me traigo supongo que no hace falta ni hablar... en su línea habitual. Unos pichones excelentes que, apuntan unas maneras fabulosas. Con sólo verlos ya se olvida uno de lo que sufrió para llegar allí. Solamente puedo dar las gracias con todo el corazón a mis buenos amigos Thierry y Thomas Sibille por este tremendo gesto. Junto con los pichones, otro regalo de lujo... tres parejas de adultas de otro buen amigo, el francés Didier Beaujean. Ahora toca currar, para acabar el palomar de los viajeros y que los nuevos pequeñines puedan empezar a ejercitarse en su nueva casa.

Para terminar este comentario, una anécdota curiosa que nos hará echarnos unos risas cada vez que recordemos este viaje. A mitad del recorrido de ida nos paró la policia francesa... y no vean como se las gastan estos tipos. La Guardia Civil parece Dora Exploradora en comparación con esta gente. Tras pararnos, lo normal, piden la documentación. Todo tranquilo... hasta que la jefa de la patrulla nos pregunta de donde somos. Fue responder "españoles" para que la tipa gritara algo así como... "Inspección" y un grupo de matones nos sacó a las bravas del coche, nos alejaron de mismo unos cincuenta metros y con las manos en alto nos hicieron un cacheo "al detalle". Me da por moverme un pizco y cogotazo al canto que me cae. Luego le tocó al equipaje. Sacaron todo lo que llevábamos en las maletas y lo pusieron en el suelo pieza a pieza... Por último el coche, revisión milimétrica desde el morro hasta el maletero... con todas las puertas, el maletero y el capó abiertos. Aquí llegó otro de los momentos buenos... cuando vieron las cestas vacías de las palomas... que para qué las llevamos, que a dónde vamos, que por qué vamos a Bélgica, que qué es eso de las competiciones de palomas, etc. Finalmente, pero no menos cachondo, va y nos pregunta si llevábamos con nosotros más de 12.500 euros en efectivo... joooer, con la que está cayendo... je,je,je,je. Sin duda esa fue la pregunta más fácil de responder de entre todas las que nos hicieron... "Ya me gustaría a mi poder llevarlos, "macmuasel"... je,je,je,je". Por suerte y visto que no tenían donde rascar, nos dejaron seguir sin mayores novedades.

Los veinte protagonistas antes de emprender el viaje hacia Madrid

Foto de familia del grupo de amigos que nos juntamos en Bélgica. No me dirán que no tenemos cara de buena gente. Si falta alguno... es que estaba vaciando el tanque... je,je,je,je