Ayer, segundo día de entrenamiento del año, fue un mal día... perdí un macho... pero no uno cualquiera, sino el bayo del 2006... el 224001-2006
Y lo perdí de una forma totalmente diferente a como siempre había imaginado que sería este momento. Uno, cuando viaja en Canarias una paloma durante cinco años, siempre se teme que, en cualquier momento, le dará una vuelta de más al tornillo y se pasará la rosca. Yo me imaginaba un domingo por la noche, después de estar todo el día esperando las palomas de La Palma, viendo como este macho no llegaba y maldiciendo el no haberlo parado antes... así es como se suelen perder las buenas palomas en mi tierra... pero este pobre tuvo otro final... acabó degollado contra una antena. Realmente, una mierda de muerte... si es que hay muertes que no lo sean. El impacto fue tan brutal que la paloma no cayó en la misma azotea sino que acabó en plena calle, como cuando golpeas una pelota de tenis con una raqueta. Me temí lo peor desde que vi como chocaba e inmediatamente tuve claro qué paloma era, aunque mi corazón me pedía que fuera su hijo... que también es de este mismo color... pero le tocó al bueno... al padre... que había pasado un millón de veces junto a esas antenas... hay que joderse. Está claro que, como dice el viejo refranero,... para morirse sólo hace falta estar vivo.
Para colmo de males... y como suele pasar con cierta frecuencia, el viejo bayo ya tenía fecha de jubilación pactada y lugar de retiro previsto en plena huerta murciana... Mi tío de Santomera se va a llevar un buen disgusto al saberlo... :(

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